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El Megazostrodon tenía un cerebro bastante grande que le permitía procesar la información que recibía de sus desarrollados sentidos. Era un animal nocturno que percibía a sus presas gracias a unos extraordinarios sentidos del olfato y del oído. Además, el pelaje impedía que el Megazostrodon perdiera el calor corporal, que era vital por la noche. Se cree que las hembras ya tenían glándulas mamarias.

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